Ella tiene 74 años y él 66. A Irma Rodríguez y a Jorge Carrillo los separa una década pero los une el ser protagonistas de una de las historias de amor más resonantes en las alturas de Bolivia.

Ambos se conocieron en el asilo Hogar San Ramón, en La Paz, que cumplirá en octubre cien años de existencia. Estaban separados únicamente por pabellones establecidos según el género.

Y departían en la hora del café dentro del albergue o cuando iban juntos a cobrar su jubilación en la calle. Helados van, helados vienen, el romance surgió inevitablemente.

Todo iba viento en popa hasta que la encargada de San Ramón, la hermana Nazaria, vio a Irma acariciar con sus labios a Jorge en el comedor, por lo que le llamó la atención.

Según la hermana, un romance en el asilo no está permitido "porque sería un caos".

El asunto se agravó cuando Irma le propinó una bofetada a Jorge en un arranque de celos. El hombre fue castigado con el aislamiento.

ADIÓS, AMOR

A inicios de mayo, Jorge no soportó la situación y se fue, sigiéndole Irma tres días después por "voluntad propia", de acuerdo a San Ramón.

Ante los medios de comunicación, Irma sostuvo que fue expulsada por las monjas que dirigen el asilo por iniciar una relación de amistad con un hombre, pues "está prohibido ahí que hablemos con los hombres, pero yo no hable, lo saludaba de lejos”.

“A mí me llamaron para que firmé un papel, me obligaron. Me dijo la madre Narcisa 'firma esto´y yo inocente firmé. Pensé que era un acuerdo o algo así, pero no, era un documento en el que admitía que me voten”, acusó.

PEREGRINAJE OBLIGATORIO

La mujer contó a BBCMundo que se siente "como una adolescente" y que "como Romeo y Julieta" no midieron las consecuencias.

Fue en alusión al hecho que no pudo regresar a Argentina, país en el que vivió por cincuenta años, porque Jorge no tenía documentos. O porque ningún asilo de Cochambamba les quiso abrir las puertas. Ya en La Paz y hecho público el caso, Irma fue colocada en el asilo Quevedo, únicamente para mujeres, mientras que el hombre retornó con sus familiares.

"Yo no lo quiero dejar ni él tampoco porque yo me moriría. Yo lo quiero, señorita. Yo lo quiero. No sé qué hacer, es el único ser humano que me quiere", aseveró Irma.

FINAL FELIZ

Pues bien, superando todo tipo de obstáculo, hoy se casan los dos por lo civil y religioso. La boda será televisada. No solo eso. La Prefectura de La Paz les consiguió una habitación en un asilo de ancianos para que puedan vivir como pareja.

"Irma es un ser con el que Dios me ha premiado", dice Jorge brillándole los ojos.

Para que la felicidad sea completa, el Servicio Departamental de Gestión Social de La Paz anunció la inauguración del primer asilo de ancianos para parejas, inspirado en la historia de Irma y Jorge.